La monotonía en la monogamia

Yago Paris


Lena Dunham saltó a la fama por crear la serie Girls, una ficción televisiva que aborda la idiosincrasia de la generación milenial perteneciente a la clase acomodada de vida urbanita. Obtuvo éxito de público y crítica gracias a su capacidad de transmitir veracidad a la hora de plasmar una realidad que parecía conocer al detalle, puesto que la obra presentaba claros tintes autobiográficos. Fue precisamente la ausencia de tal lucidez en la disección de otro espectro de la sociedad, el de la mediana edad, lo que llevó al traste su siguiente proyecto televisivo, Camping, donde lucían los estereotipos y todo estaba fuera de tono, probablemente porque Dunham se había aventurado a tratar una realidad que no parecía conocer lo suficientemente bien. Pues bien, ahora Sofia Coppola, como si quisiera tomarle el testigo y solventar las carencias de dicho proyecto, adopta en On the Rocks una perspectiva muy similar a la que Dunham mostró en Girls, pero aplicada sobre la adultez.

Recientemente estrenada en Apple TV, la nueva película de la directora de Somewhere reformula el tono de una sensibilidad que ha venido mostrando a lo largo de su carrera. En su cine ha prestado atención a la clase intelectual acomodada, entre lo marcadamente hípster y lo indisimuladamente pijo, lo que acerca su cine al de otros creadores como Noah Baumbach. Lo que diferencia a Coppola es la disección del aburrimiento que se produce cuando, ya sea por pertenecer a una familia rica o por haber amasado una fortuna, uno nunca ha tenido, o ya no tiene que, hacer un esfuerzo por conseguir nada. Y esto lleva a una crisis existencial de difícil solución, algo que, sospechamos, tiene mucho de autobiográfico. Su tono, cortado por el patrón de la melancolía y habitualmente invadido por cierto intelectualismo pretencioso, se empapa en On the Rocks de la ligereza neurótica y autoparódica propia de Dunham para retratar el conflicto de Laura (Rashida Jones).

Madre de dos niñas y casada con el ocupadísimo director de una pequeña empresa (al que interpreta Marlon Wayans), la protagonista, novelista de profesión, sufre un bloqueo creativo debido la crisis existencial que se está gestando en el plano personal. Absorbida por la ajetreada rutina familiar y con la sensación de haber alcanzado todo lo que se podía plantear en la vida, la mujer empieza a sufrir las consecuencias de estar en un matrimonio que fluye como la seda pero en el que todo resulta monótono. Las sospechas de una posible infidelidad, precisamente fruto de la carencia de estímulos dentro de la pareja, la acercarán de nuevo a su padre (Bill Murray), la única persona a su alrededor que se detiene a escuchar lo que tiene que decir. Ahora bien, aunque tenga buenas intenciones, su progenitor, un casanova moderno tan encantador como alérgico al compromiso, no parece el mejor modelo de masculinidad que Laura necesita para desentrañar la posible infidelidad, lo que la conducirá a una disparatada aventura de espionaje de andar por casa.

Si la monotonía y el aburrimiento son las claves subtextuales del cine de Sofia Coppola, tiene todo el sentido del mundo que la autora escriba y dirija el proyecto sobre un matrimonio estancado, en el que el debate sobre la monogamia se convierte en uno de los temas centrales de las múltiples conversaciones entre el padre y la hija. «¿Acaso un hombre no puede ser monógamo?», se pregunta Laura, quien ha sufrido en sus propias carnes la ausencia del padre, alguien demasiado interesado en el flirteo como para afrontar el lado menos agradable de la crianza. El tema, más allá de los estereotipos, cobra especial relevancia en una época donde los modelos de relación alternativos están más en boga que nunca, lo que debilita ideas como el compromiso al aumentar la sensación de monotonía. Pero a pesar de tratar temas complejos, Coppola opta por su habitual ligereza, la que ya mostró en Lost in Translation, a la que añade irresistibles dosis de comedia, que se gestan a partir de la fascinante química que se desprende de la interacción entre Murray y Jones.

Aunque la autora destaca por su ambición e inconformismo —cada nuevo proyecto es lo contrario a la repetición del exitoso modelo de su película previa—, en On the Rocks muestra a las claras que se trata de una cinta menor, más accesible no solo por ser liviana, sino porque con ella no aspira a un análisis más profundo de la realidad que retrata. En ese sentido, parece como si la influencia de Dunham en el tono traspasase la barrera de lo visual. Y, en consecuencia, las imágenes de Coppola son tan resultonas como, en última instancia, irrelevantes, como si se tratase, precisamente, de una producción de una cadena televisiva de prestigio como la HBO, productora de Girls. On the Rocks es, de hecho, una coproducción entre A24 y Apple, y forma parte de un acuerdo entre las dos compañías para el desarrollo de material para la plataforma de vídeo bajo demanda Apple TV. Esta situación podría explicar por qué la nueva cinta de Coppola parece más hecha para la pantalla pequeña que para la grande, entendiéndose esto como una restricción a la hora de desarrollar un discurso formal más elaborado. La situación es sospechosamente similar a la de otros autores reputados como Ben Wheatley (Rebeca), Martin Scorsese (El irlandés) o Bong Joon-ho (Okja), cuyas obras, en las que Netflix ha estado involucrada en mayor o menor medida, quedan lejos de lo mejor de sus respectivas filmografías. 

Incluso en el caso de grandes películas como Roma (Alfonso Cuarón), La balada de Buster Scruggs (hermanos Coen) o Estoy pensando en dejarlo (Charlie Kaufman), se verifica la sensación de que las producciones de dichos autores para plataformas son menos atrevidas de lo que podrían haber sido, probablemente porque el público al que van dirigidas es un consumidor acostumbrado al lenguaje televisivo, algo que sin duda se materializa en una tendencia a construir unas imágenes y a plantear puestas en escena que están directamente pensadas para las dimensiones de una televisión —por no decir para una tableta o un móvil—, con todo lo problemático que ello conlleva en términos del desarrollo del lenguaje cinematográfico. Con Mank, el nuevo proyecto de David Fincher, producido y distribuido por Netflix, a la vuelta de la esquina —se estrena de manera limitada en cines este viernes, y estará disponible en la plataforma a partir del 4 de diciembre—, da miedo pensar en lo que este contexto de producción haya podido afectar a uno de los más notables creadores de imágenes del cine contemporáneo. El panorama debería alertarnos de la celebración incondicional e irreflexiva de las plataformas de streaming como modelos a seguir en la producción cinematográfica, porque, como ya se está observando, la principal víctima siempre será el eslabón más susceptible de ser sacrificado, y en este caso el más valioso: la imagen.



ON THE ROCKS

Dirección: Sofia Coppola.

Reparto: Bill Murray, Rashida Jones, Marlon Wayans, Jenny Slate, Barbara Bain, Natia Dune, Jessica Henwick, Nadia Dajani, Sophia Zalipsky, Melania Zalipsky.

Género: comedia dramática. Estados Unidos, 2020.

Duración: 95 minutos.


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