Pasaje a la India

Santiago Alonso 


Mia Hansen Løve ostenta con toda justicia un puesto en primera línea del panorama cinematográfico contemporáneo. Ya había sorprendido con los fantásticos largometrajes El padre de mis hijos (2009) y Primer amor (2011), antes de llegar a la excelencia con El porvenir (2016), ejemplo de construcción narrativa que se amoldaba de manera prodigiosa al propio fluir de las vicisitudes de unos protagonistas embarcados en un viaje de reconstrucción íntima. Algo (o mucho) no funcionaba del todo bien, sin embargo, en Edén (2014), relato acerca de la escena house francesa de los años noventa, seguramente porque la directora, lo quisiera o no, debía lidiar también con un modelo de película que la constreñía sin remedio, en ese caso la historia de ascensión a la cumbre y posterior caída de un artista.

Diríase que la cineasta se ha enfrentado a algo similar (¿un reto autoimpuesto?) al filmar Maya, su último trabajo. En este procura imponer la naturalidad y la elegancia que la distinguen para contar sin que se note, antes de que se le colara cualquier automatismo genérico o temático. La cinta trata de un corresponsal de guerra que, después de estar secuestrado en Siria durante tres meses, siente la necesidad de huir a Goa, donde conoce a una joven del lugar con quien entabla una relación un tanto particular. El objetivo consiste, pues, en desechar el relato al uso sobre el reportero traumatizado (como era Mil veces buenas noches, el filme noruego con Juliette Binoche), sobre la mirada occidental al exotismo de la India o sobre el amor intercultural.

La realizadora procura ser totalmente fiel a su concepción cinematográfica personal y evitar que la tentación de las fórmulas modulen la narración de un desequilibrio emocional y su posible camino hacia la curación; el esfuerzo está ahí y depara grandes momentos. En realidad, le es imposible no caer en algún tic (el resumen de una escapada del protagonista a una zona del país con mapa y superposición de imágenes incluidas), aunque lo peor no es ni mucho menos eso, sino que al final se asiente la sensación de que hay algo que no acaba de encajar del todo: empezando por la poca consistencia que se le da al estudio de la figura de un reportero bélico, un interés sin duda manifiesto de la autora, y terminando por la extraña distancia que se establece con el escenario. Es significativo, y quizás no para bien, que la promoción recurra a Rohmer y a El río de Jean Renoir, o que la misma Hansen Løve cite en entrevistas a Satyajit Ray, un tipo de conexiones, sean ciertas o no, que no hizo falta establecer cuando se hablaba de sus anteriores películas.



 

MAYA

Dirección: Mia Hansen Løve

Intérpretes: Roman Kolinka, Aarshi Banierjee, Alex Descas.

Género: drama. Francia, Alemania, 2018.

Duración: 107 minutos.

 


 

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