El camino de la adopción

Santiago Alonso 


Como medio de comunicación que es el cine, a la par que hecho artístico, sus posibilidades pedagógicas han dado a lo largo de la historia curiosas y muy sugerentes manifestaciones, sobre todo en los Estados Unidos. Algunas filmaciones estaban concebidas, con independencia de ideologías o de la época en que se rodaron, siguiendo presupuestos educativos serios (véanse las de productoras como Coronet o las de la todavía en funcionamiento New Day, cuyos cortometrajes no se destinan al circuito comercial, sino al ámbito escolar y universitario); mientras que otras aprovechaban la coartada con la finalidad de hacer escandaloso (y delicioso) cine de explotación, como ciertas películas de propaganda contra las drogas filmadas durante los años treinta o los estudios sobre sexualidad. Al ver Familia al instante lo primero, precisamente, que nos llama la atención es su naturaleza, encubierta solo a medias y recogiendo un afán instructivo bastante inusual en las pantallas contemporáneas, de publirreportaje ficcionalizado. Eso sí, concebido con bastante seriedad, amén de que persigue una muy loable causa.

La cinta trata el tema de la adopción, y su estructura narrativa sigue el proceso paso a paso, tomando como ejemplo un caso estándar, con el evidente propósito de animar a posibles nuevos padres adoptivos, despejarles dudas o explicarles conflictos que suelen aparecer y sus soluciones. Supone un buen detalle que se aliente además la adopción de adolescentes. Aparte de los recursos sentimentales, el gancho para atraer la atención, el método para enseñar, es la comedia y, por supuesto, como comedia se presenta en la cartelera. No faltan maneras muy propias de cierta tendencia gamberra del género practicada por el director Sean Anders y su habitual coguionista John Morris, cuyos trabajos previos a menudo hablaban sobre familia y paternidad (el libreto de Somos los Miller, Dos padres por desigual y su secuela). Hay bromas, por ejemplo, sobre fotopollas, aunque clarísimamente el peso de la cinta se lo lleva el fondo de una historia que, según cuenta la promoción, nace de la experiencia personal del mismo Anders y cuenta con el asesoramiento continuo de una trabajadora social y una joven que vivió en una casa de acogida.

Por lo tanto, tal y como denota la caracterización poco sorpresiva de la pareja formada por Mark Whalberg y Rose Byrne, o de las dos responsables del programa de adopción, Octavia Spencer y Tig Notaro, en Familia al instante la comicidad resulta funcional. Es decir, el relato mismo está subordinado a la finalidad y, a falta del juicio que un profesional en el campo de la adopción podría darnos, conviene atenerse a esa finalidad. Se debe valorar también, observando los vientos que soplan por ese país, la naturalidad con la que vemos a un matrimonio de buenos estadounidenses adoptar tres niños hispanos, a una pareja interracial y una homosexual que acceden al programa como cualquier otra. Puede que, ¡ay!, tanta chanza con la madre soltera del grupo sea lo único chirriante durante las secuencias de las sesiones de seguimiento.



 

FAMILIA AL INSTANTE

Dirección: Sean Anders.

Intérpretes: Mark Whalberg, Rose Byrne, Isabela Moner, Octavia Spencer, Tig Notaro.

Género: comedia familiar. Estados Unidos, 2018.

Duración: 119 minutos.

 


 

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