La fan premier de Paranormal activity: dimensión fantasma (Gregory Plotkin, 2015) es como un evento social, una experiencia que comienza mucho antes del inicio de la propia proyección. Una gigantesca sala de unos cines Kinepolis acoge esta celebración del susto, que comienza en la propia entrada, donde un grupo de reporteros desenfadados pone en peligro tu integridad moral amenazando con entrevistarte. Un foco cegador expulsa tus inseguridades y las coloca en tu mueca de deslumbramiento timorato. Saluda a cámara y simula que lo estás disfrutando. El pasillo de entrada se convierte en la imitación del túnel que aparece en cierto momento de la película, un salto a otra dimensión, acompañado, como en la película, por una terrorífica niña, que te espera al fondo. Sólo que en este caso se trata de una actriz adulta, peinada al estilo de Marla Singer, demasiado guapa como para asustar y con un peluche de su mismo tamaño al que dan ganas de raptar.

Una vez dentro, descubres al resto de “niñas” pululando por el anfiteatro, interaccionando con un público que le esquiva la mirada. Uno no está acostumbrado a salir de la zona de confort y convertirse en centro de atención cuando llega a la sala con el rol de pasivo espectador. Un peluche abandonado delante de la pantalla. Sería la compañía perfecta para el solitario oficio del crítico de cine. Decido mantener la compostura. “Vengo a ver una película”, trato de convencerme. Además, no tengo otro par de gafas 3D para que disfrute de la proyección conmigo. Operadores de cámara y fotógrafos inmortalizan el panorama, y parece ser que el citado muñeco peludo no me ha llamado la atención sólo a mí. Una de las vírgenes tenebrosas acecha mi posición. Intento hacerme pequeñito para que pase de largo. No lo hace. Me mira. Quiero huir. Tarde. Se acerca. ¡¿Qué quiere de mí?! Nada. Se va. Alivio. Con ella se va su peluche. Dolor. Vuelvo a mirar a la pantalla, el otro osito ya no está. Sin saberlo todavía, se ha terminado lo mejor de la función. Colocan un trípode a cada lado de la sala e instalan sendas cámaras apuntando hacia el público. Hay que registrar el susto. Aquí se viene a brincar en el asiento.

La proyección comienza de golpe, sin las habituales presentaciones de las productoras. El estilo es seco; es la idea del found footage -metraje encontrado-. La cámara no deja de moverse, alejándose de los estándares clásicos del encuadre. Nada nuevo, por otra parte. El 3D se hace notorio desde el primer momento. Las gafas ya no oscurecen la imagen, lo que es de agradecer, pero sorprende que incluso las escenas que no presentan 3D adquieran cierto volumen. La textura amateur del proyecto esconde una maquinaria de producción de última generación. Los 15 primeros minutos están dedicados a plantear la situación, los más interesantes de todo el espectáculo. Una vez descubierto el juego, la película entra en un bucle, el de la repetición de esquemas con un único objetivo: asustar, a toda costa.

“¿Es que acaso no es ése el objetivo de una película de terror?” se me podría preguntar. Aparte de ser discutible ese concepto, hay formas y formas de hacerlo. Y en Paranormal activity sólo hay una, que se usa todo el rato, sin pudor. La película piensa en el público, pero lo hace a modo de atracción de feria, no en términos cinematográficos. Todo en ella está pensado para generar el susto en la audiencia, pero los recursos narrativos son vulgares y la carencia de ritmo estanca a la obra en un bucle que es literal cuando esta se convierte en un registro nocturno de las andanzas del ente diabólico que habita la casa en la que se desarrolla el relato. La primera escena tiene su pase. En la segunda empiezas a temer lo que se te viene encima. En la tercera miras el reloj. En la decimoquinta haces la lista de la compra.

Un conglomerado de sobresaltos que buscan la explosión efímera de adrenalina con unas imágenes que apenas sugieren. El cine de terror basa su efecto en la forma, y probablemente por ello sea el tipo de lenguaje cinematográfico más fácil de analizar y el que todo el mundo reconoce. El efecto se consigue con la aparición repentina en el plano de objetos o personajes hasta entonces escondidos en fuera de campo, entradas siempre acompañadas de un fogonazo sonoro ante el que es inevitable reaccionar. Planos que suelen ser muy cortos, con mínima profundidad de campo, para enfatizar el golpe de efecto. Si había alguna esperanza de no transitar estos derroteros, el 3D sirve como excusa para justificarlos. La película se asegura de sacarle partido a otro recurso puramente lúdico. Brazos se extienden tratando de palpar un holograma que sólo existe entre nuestra retina y las gafas. Objetos vuelan hacia nosotros y nos protegemos la cara. La sensación de ridículo da paso a la risa nerviosa, que hermana a desconocidos. Mantienes la compostura y te muestras impasible; tú has venido a analizar un film.

Paranormal activity comete el fallo de buena parte del cine de terror, que confunde el susto con el miedo. El primero es una reacción instintiva de alerta, de protección, mientras que el segundo es un estado anímico, mental, subconsciente pero estimulante. El primero se consigue mediante el más que resobado lenguaje cinematográfico del terror, siendo una apuesta segura si este es el objetivo. El segundo implica entender el cine, los ritmos y los ambientes. Es el camino difícil, pero el que salva del olvido a las películas si se ejecuta con talento. Un ejemplo de este mismo año deja en paños menores a esta obra. It follows (2015) presenta un terror rodado en gran angular, en panorámicas de 360 grados que parecen decirnos que nada se va a esconder en fuera de campo, y que, valiéndose de planos generales de extensa profundidad de campo, sitúan el miedo en la incertidumbre de no saber por dónde va a llegar el ataque. No hay decisiones válidas o inválidas, sino la presencia o ausencia de un discurso formal, de una mente que detenga a pensar en cómo rodar con personalidad una historia.

Por todo ello, la película que nos ocupa se convierte en una especie de tortura involuntaria a la hora de desarrollar sus ideas, en las que no faltan curas exorcistas y niñas poseídas. La originalidad también se perdió la cita con el guión. Un proyecto que provoca que te alíes con el espíritu maligno para que acabe cuanto antes con los personajes y dé fin al espectáculo del horror. Un gramo de paracetamol ya circula por mis venas, para calmar el dolor de cuello que va asociado a sentarse en la segunda fila, pero no hay analgésico que alivie el hastío que se vive para entonces. Luchas por no bajar la cabeza, por no desviar la mirada. Te da igual todo. ¿Contra quién jugaba el Barça esta jornada? Lamentas no poder estar estrujando al osito de peluche que tanto amor te hubiera dado. Una hora y media que de metraje que estás convencido de que no acabará nunca. Ya haces planes para adaptarte a tu nueva vida en esa sala de cine.

El suplicio llega a su fin y no saltas de júbilo por no perder la compostura de crítico profesional. Siempre hay alguien mirando y te crees que saben quién eres. Todavía en sus butacas, los asistentes empieza an emitir valoraciones. #Decepción y #Refrito son los hashtags orales más usados. La chica sentada detrás de mí lamenta no haber invertido este tiempo en haber ido al Artistic Metropol. Dios le guarde su criterio. A la salida de la sala te dan la oportunidad de despotricar todo lo que quieras, pues el grupo de reporteros vuelve a aparecer, ansioso de registrar todo lo que tengas que aportar, pero no estás tan alterado como para vencer tu timidez. Te escabulles y palpas la libertad en el frío nocturno. Podrías plantearte cuán coherente es que, habiendo quedado destrozada y abandonada en otra dimensión la cámara que registra la película, el metraje rodado llegue hasta nosotros y perfectamente montado en postproducción. Pero es tarde y sólo piensas en volver a casa. Si al menos te hubieras podido quedar con el peluche…


La Fan Premier de  Paranormal activity: dimensión fantasma tuvo lugar el pasado jueves 27 de octubre en los cines Kinépolis Madrid Ciudad de la Imagen.


PARANORMAL ACTIVITY: THE GHOST DIMENSION


(Fotografías: Paramount Pictures Spain)


 

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